El club de los suicidas: la historia de una lectura

Hace tiempo, al comprar el periódico, si pagabas cien pesetas más te daban un libro. Luis, el marido de mi madre, solía comprar esos ejemplares.

Así es como EL club de los suicidas del escritor R.L. Stevenson acabó en la casa de mi madre.

De siempre he tenido un gusto particular por ir a su casa y tomar prestado algún que otro libro. El invierno pasado me pidió que subiera a su trastero. Nada más abrir la puerta vi en el fondo una estantería con un montón de libros finitos. Me acerqué para cotillear y me encontré con un auténtico tesoro. No dudé en hacerme con el botín: Dickens, Delibes, Martín Gaite, Hemingway…

Así es como EL club de los suicidas del escritor R.L. Stevenson acabó en mi casa.

La semana pasada me quedé mirando mi librería reciclada unos cinco minutos. No me decidía a elegir una lectura de entre todas las pendientes que tengo, así que saqué tres ejemplares y le pedí a mi hija que me ayudara.

Así es como EL club de los suicidas del escritor R.L. Stevenson acabó en mis manos.

No había leído nada del autor. Su tamaño me venía bien porque últimamente siento un pequeño déficit en mi capacidad de atención, necesitaba leer algo corto. Puedo asegurar que hace meses que una lectura no me atrapa de esta manera. Me levantaba temprano por las mañanas para poder leer tranquila y me lo terminé el lunes mientras le preparaba el desayuno a mi hija. Cuando lo acabé le dije «qué buena elección hiciste, me ha encantado». Se ha autoproclamado como mi electora de lecturas.

El club de los suicidas es una historia muy simple: un héroe (el príncipe Florizel) contra un villano (el presidente del Club de los suicidas). Narrada de manera exquisita, cada uno de los elementos que aparecen en la novelita (son tres cuantos que se suceden) tienen importancia. Es una obra bien armada que te engancha. Puedo asegurar que al cerrar el librito me sentí feliz, he disfrutado de la lectura como una niña.

Hoy, si compras el periódico los domingos, con suerte te dan una cartilla con cupones para adquirir una sartén. Creo que es importante que además de informar de lo mal que está el mundo, los periódicos promuevan la literatura para que un señor compre una novelita un domingo y veinticinco años después, gracias a un robo consentido y una buena elección, una mujer sea feliz un lunes por la mañana.

En 1998 el diario El Mundo publicó con el patrocinio de Telefónica una colección llamada Las novelas del verano
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Autor: Teresa Olalla-Antelahojaenblanco

Escritora, correctora, educadora social y empresaria

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